14.6.08

El kid tira del cinturón gastado de la piba
y piensa aturdido por la luz en la Avenida
(Cruz), sin ver la palabra. La lengua de la boca
se le derrite: “Era preciosa la noche de
calor para bailar, aunque la luna ponía
blanca la mirada de las chicas en la cuadra
de casas chetas. -A mí no me mires,
policía, son trescientas cuadras de caravana
y la blanca luz nos ponía ciegos.
Chupaba y chupaba de la noche, hasta que diera
el fierro dorado, que lo entregara.
Me hizo de besos, mil veces, era
una saliva interminable, de los
brazos le partían luciérnagas, se dormía
de mamarse en la zanja.
Hasta que se hizo parte del día.
en el caserío, con los camiones de fondo,
me besó los dedos y la boca, era un campito
tranquilo, una farmacia de colchones
celestes, era las nubes”. ¡Bajá Kid volado!,
o dos veces el alma se te va a ir por
el caño, donde la luz traga lo que queda
de la noche enamorada, oscura
del color de la piba-luna.
Parece tibia hasta en las luces, pero es una
saliva de cenizas.
“Transábamos en la boca del Coyote, en un
flash lentísimo de luna. La púa
del viento ponía un aire ténebre
en las más flaquitas, por el aliento
las transformaba, y decían cosas
como tibias en los reflejos blancos”.

2 comentarios:

TiTo A. dijo...

Gracias, Diego, por permitirnos recuperar el placer de la lectura.
Contundente y hermoso.

luks dijo...

puemon

como siempre


y el video de arriba

ouhh

saludos