29.5.15
6.1.12
"Y las palabras serán siervas de una extraña majestad. Es todo extraño" *
8.11.10
Un sermón, una historia, una plegaria
Barthes desliza la noción de alma para colocar al cuerpo en el debate espiritual (después de todo, la música sería la más espiritual de las artes). Si hasta el siglo XVII, la música sacra era sagrada, ¿cómo haremos para escuchar las plegarias leves, silenciosas, que la música realiza (Webern, sí; pero también Songs for Drella)? ¿Escuchar la voz de quién en el cuerpo de la música (sagrada)? No podemos volver atrás. Somos modernos, fuimos y lo sabemos.
12.8.10
Hölderlin - Del delfín
lo ha movido amablemente el canto
El canto de la naturaleza, en el clima de las musas, cuando encima de las flores cuelgan como copos las nubes, y encima del esmalte de flores de oro. Por este tiempo cada ser declara su tono, su fidelidad, el modo en que se encuentra unido en sí mismo. Sólo la distinción de los modos hace entonces la separación en la naturaleza, de modo que todo es más canto y pura voz que acento de la necesidad o, del otro lado, lenguaje.
Es el mar sin olas en que el pez inmóvil siente el silbido de los tritones, el eco del crecimiento en las muelles plantas del agua.
"Fragmentos de Píndaro", en Ensayos, trad. de F.Martínez Marzoa, Madrid, Hiperión, 1976.
2.7.10
Hardcore 7: Lamentación y paranoia
los templos y las catedrales no cesan de ser ganados por un sueño
que no puede adormecerlos del todo ni entregarlos
a una libre existencia de ruinas que pueda constituir otra vida,
una metamorfosis e incluso una metempsicosis,
como sucede cuando la ruina se contenta con fundirse en su paisaje
o en otra construcción, sin penetrar en la memoria monumental.
J.L. Nancy. Tumba de sueño, trad. H. Pons, Buenos Aires, Amorrortu, 2007
*
Cuando llegué a mi casa, me puse a escribir una idea que se me había ocurrido mientras caminaba. Si prendo la computadora, es seguro que despierto a Simón. Entonces, tomé un cuaderno que estaba por ahí y con un lápiz de calidad muy mediocre comencé a escribir.
Me sorprendieron dos cosas: cómo me costaba escribir con lápiz -era un esfuerzo- y el ruido que hacía la mina al desplazarse sobre la hoja. Un sonido que pensé asociado al sentido de lo que escribía. ¡Qué raro...!, ese rumor que traducía mi pensamiento (más allá de lo poco destacable que éste fuera) estaba asociado a lo que pensaba. ¿Será verdad? ¿Hay manera de creer que ese sonido, el de las letras (y mi caligrafía) que estaba escribiendo (dibujando), era el sonido de mi pensamiento en el mundo?
El día ya había tomado su lugar en la batalla, y me acordé de este poema chino de A. Laiseca:
Escribiendo un poema
Escribo este poema con una delgada varilla de junco;
la tinta, al deslizarse, produce un ruido ensordecedor.
La clarividencia otorga deslumbramiento
y un pequeño dedal de malaquita
crece hasta contener el Río Amarillo.
En la pared de mi cuarto
está la vieja pintura de una rosa bermellón;
ese inofensivo objeto neutro e indoloro
me aturde con el insoportable perfume de miles de flores.
Todo eso has producido en el corazón de quien espera.
Hwang Tsi Lie. Dinastía Chou.
En ese rapto paranóico (habrá sido un reflejo, de la cacería de jovencitos que hace la bella Eos; "el momento en que más frecuentemente mueren los hombres de fiebre", R. Graves), escribí algo así:
Lamentaciones
Tal vez no haya algo tan íntimo y final como esta música breve. Ni siquiera sé si es música o un álgebra que se oye antes de hundirse en el silencio. Pero el álgebra no está abandonada (o amenazada) al silencio. Es música. Es un lamento. Al escucharla, siento el roce de un edificio sagrado, la ruina de algún lugar sagrado, el aliento fugaz de una plegaria muy breve, o más bien una respiración. Los sonidos que utilizó Webern son como los pájaros que hoy vi volar en el parque, cerca de las ocupaciones del día y tan lejanos. Especies (en el caso de Buenos Aires, especies traída de otras regiones; en el de Webern, de la Europa central). Los pájaros sostienen un ritmo del mundo, ajeno al ritmo de la humanidad. Benjamin decía que hay que callar los sueños hasta no estar completamente despiertos, porque los órganos internos tardan más en alcanzar el día y pueden quedar hechizados de las cosas soñadas. Esta música es un humito, que comienza con un vitral temblando y lo que queda en el aire de la luz rota.
La música más sofisticada (la demoníaca música asquerosa, según Lai) es un espasmo. un suspiro donde resuena una lejana batalla de la Gran Guerra. Es apenas audible, y quienes la deben interpretar deben ser intérpretes muy formados, disciplinados y serios. Tan complejo es pronunciar (apenas) el silencio.
Anton Webern - 3 Pequeñas piezas para cello y piano (III)
5.6.10
Hardcore 6: Como un animal o una niña pianista.
con dos bises admirablemente ejecutados:
una pieza de estudio y una sonata de Scarlatti.
Hace unos días, yo cruzaba la zona (Caballito-Flores) a oscuras. El momento de oscuridad entre los altos edificios es un mareo: no se ven las estrellas y los edificios, apenas algunas velas tiemblan en las paredes, toman un aspecto luminoso que nada tiene que ver con la modernidad.
¿Cómo subirá el agua a los inodoros de los pisos altos, cómo subirán las escaleras, y los autos en los garages, y los semáforos, etc.? La falta de luz revela la fragilidad del ecosistema de las ciudades, y la fragilidad de nuestras vidas. Vi algunos motoqueros sentados con los cascos en el antebrazo, mucha policía guiando el tránsito. Entraba a algunas cuadras, en donde no veía más que algunas luces celulares y el tren como un gusano fluorescente pasar flotando por la plaza a la vuelta de P. Junta; salía a alguna calle iluminada, lo de siempre. Entraba a una zona cortada.
En la radio escuché que iba a comenzar este concierto que comenta F.Monjeau -la nota de Montero en La Nación es imperdible, por lo fea-: una joven pianista, dijo la locutora, ¡de nueve años!
En el juego de identificaciones narcisitas y perversiones (demorarse en los rincones oscuros del teatro, en las zonas a medio iluminar y los armónicos de los instrumentos), en la oscuridad de la noche me identifiqué con esa niña que a cincuenta cuadras de allí estaba tocando el Concierto Nº1 de Beethoven. La imaginé vestida como cuentan, porque así se visten las niñas. Pensé que no importaba, lo importante era que estaba un poco asustado por la falta de luz, la música, el tiempo y mi fingido andar de niña por el bosque.
10.5.10
Hardcore 5: Ritornelo
San Juan de la Cruz - Comentarios a "Cántico espiritual".
"Cuando un niño está solo y siente miedo, silba" dejaron escrito Deleuze y Guattari al comenzar a desenredar una madeja compuesta de Naturaleza, Música, Arte y canciones que algunos pajaritos bailan para enamorar o darle gracias a Dios (Messiaen), al tiempo que dura y vuelve cada vez diferente ("1837. De ritornelo"). Las las voces naturales que en bloques espacio-temporales (la piel, las estaciones del año...) se distribuyen cada vez de manera diferente, creando funciones y necesidades en cada metamorfosis. Una escritura de dobleces (ese es el estilo de D. y G.) donde cada línea arroja sombras sobre la siguiente, donde cada frase hace sombra y en su contorno hace figura la luz. O mejor dicho: cada sonido es una claridad vibrante que se vuelca en el tiempo y el espacio. Ayer escuchaba con alegría música que hoy me entristece. Hay vibraciones que se desprenden del mundo y hacen resonar cada latido de los corazones a ritmos diferentes. El cuerpo es la cifra de la salvación, la caja negra. La resonancia de los medios (los instrumentos) al silencio es siempre diferente: si se trata de una sinfonía mahleriana la que calla, o las potencias incandescentes de un recital multitudinario, o las cuerdas vocales 'a capella', o la vida. El viento que pasa entre las hojas (ese tópico) enseñó a silbar. Una música callada/ una soledad sonora son los plieges miméticos de nuestros oídos en la escucha.
2
La retórica de Deleuze es otra cosa. Pero, al momento de escribir -¿cuál es el tiempo de ese momento, el de la escritura?- se hace necesaria una retórica: un juego de escisiones* y decisiones –por ejemplo, las que controlan las cacofonías-, una manera de hacer que depende de la música verbal (los arcanos materiales que dominan la música de las palabras en cada idioma). La disposición de un texto literario, filosófico, hace o quiere hacer legible una porción del mundo. Necesita de los pies delicados que entran en la tierra y el pasto cubierto, verde, delicado y acolchadito que esconde serpientes y ponzoña. La famosa anécdota de Joyce contándole a Jung que había descubierto un método para escribir a la manera en que su hija afásica hablaba. Joyce había descubierto (o inventado) una manera de nadar, de andar en el mar que atormentaba a su hija. De cruzar el espacio y hacer una costa, una orilla. La respuesta del esotérico discípulo de Freud tiene la potencia de una respuesta legendaria: “Donde usted sabe nadar, su hija se ahoga”. Joyce había logrado ritmar, territorializar (no clausurar) una potencia de locura, le había asignado un tiempo a la palabra, había logrado silbar. Dio una voz, aunque no fuera suficiente.
*Heridas, sólo heridas. El arte, también. Todo lo que hacemos lastima.
20.4.10
Hardcore IV: Literatura*
Escritura musical, ritmo, estructuras musicales. Las múltiples maneras musicales, intentadas por poetas, escritores (y la crítica) a lo largo de varios siglos, nos habilita a no pensar en un uso descuidado, o de préstamos ilegales entre ambas artes (o formas artísticas): literatura y música son más bien una comunidad posible entre la escritura, la voz poética, los restos, la música (sus materiales, su escritura) y la lectura. Particularmente es posible, en la misteriosa relación significante con lo no-conceptual y "el sentimiento", el álgebra vitalista que tiene lugar en una sintaxis en devenir. Es posible realizar una lectura que dé cuenta de estas relaciones, aunque sea muy difícil de asir en una sola fórmula expresiva. Buenas metáforas, metáforas rotas. Se trata de experiencias de la palabra que arriesgaron y arriesgan a decir más allá de sí, hasta ser como una piedra, un sonido, un ángel, un otro. Sin exageraciones esotéricas, no es necesario caer en una jerga: sino darse al juego de la lengua y la danza, a la retórica que escinde el mundo. Se trata de una ética, claro.
12.4.10
Hardcore 3: Los sentimientos son en sí mismos sorpresas.
Hola Juanito.
Estuve escuchando algunas cosas de jorge sad. Me gustaron, aunque decir "me gustó" con este tipo de música es extraño. Porque no habría (en primera instancia) una identificación emotiva, porque se trata de sonidos que envuelven a los otros sonidos (los musicales). Y, sin embargo, cuando uno escucha hay una deriva sorprendente... Lo que está aquí trabajado es un disco del mundo, un pedazo de fierro, el sonido de una orquesta, chillidos... da la casualidad que estaba leyendo una entrevista al filósofo Kojeve, y me pareció que este tipo de arte hace evidente cierta idea que en Europa tienen (fatalmente) de la historia, nada para despreciar, tratándose del viejo mundo, pero totalmente Europea. Se trata de una música, ponele, final, que dice "¿cómo seguir?", todo el tiempo, occidental...
Algo así había en la música de Beta Band: sólo que estos sonidos en la hermosa banda escocesa quedaban enmarcados dentro de canciones pop: tan desmembradas como estas experiencias musicales podían ser ya, y nunca más. Pero podías cantar mientras tu cerebro chispeaba en el resplandor de ecos, sobregrabaciones, sonidos electroacústicos (especialmente, la pieza the hole, de Sad me hizo pensar en estas cosas).
Ah, cuántos espectros sonoros hay en el espacio. Siempre me acuerdo de que Silvina Ocampo (¿o Victoria?, creo que Silvina) estaba maravillada con la permanencia del sonido en el aire, que inalterable no acaba, sino que permanece imperceptible. Conversaciones y roces arrullando para siempre al mundo. Esas particulas del lenguaje tienen un poco de la música suave de lo que existe para nuestros sentidos y lo que los compone de otra manera: (in)alterable, (im)perceptible.
Esta música, hecha de los fragmentos del pasado se desvanece en las esquirlas del presente.
Un abrazo,
Diego
7.4.10
Hardcore 2: La tristeza
Es hoy uno de esos días en los que no podés pensar más que en tu cansancio y el que se genera por una tristeza fuerte que nace de cualquier parte. Quisiera poder decir: "las esferas musicales y la geofilosofía son dos maneras de comprender el mundo, ambas son isomórficas, o al menos, son mapeos de la cuerda -toda la genética no prueba sino otra cosa que la existencia de ella- que mantiene al mundo, ya no unido, pero al menos en correspondencia: animales, campos, amores, hijas e hijos, poblaciones, terremotos, enfermedad, días y noches, mareas, viento, la cosechas, China..." (...) Y quisiera poder escribir acerca de la esencia matemática de la belleza musical, pero, más importante todavía, "de su tiempo misterioso, que toma forma sobre nuestros recuerdos y experiencias y que, por ejemplo, cuando suena una melodía triste, en modo menor, nuestra percepción tiembla, se vuelve frágil como la esencia material de ese sonido y por eso nuestra lengua balbucea, se queda sin palabras y quiere decir todo el mundo de nuevo y no puede, y se siente triste pero consolada en esa mímesis íntima que la desintegra...".
1.4.10
Hardcore 1: El demonio
Su cabello es hermoso
y su boca dice cosas hermosas.
Yo creo en su corazón.
Xuxa es hermosa.
Fernanda Laguna
Se trata, básicamente, de un mensaje del que no somos concientes, que murmura oculto detrás del velo, que lleva algo que no podemos conceptualizar pero se instala en nuestra estructura conciente, para minarla o al menos sabotearla.
No es otra cosa que el misterio de la música secularizado, y transitado por los mitos y relatos del momento más paranóico del siglo pasado.
No es un capricho. Cuando escuchamos música, sentimos en las vibraciones del aire cierta confianza, un ritmo más infante que nos convoca: el niño asustado (la bellísima metáfora de Deleuze: en Ritornelo, de Mil mesetas) es la escansión del mundo, la retórica (el ritmo) que deviene de y desde el mundo. Las primeras adjetivaciones.
Fue posible creer, imaginar y temer mensajes satánicos que la música llevaría ocultos (aún en esta versión tonta, hay algo de verdad). Como cuando la Iglesia quiso prohibir la polifonía: tantas voces superpuestas no dejaban oir (ni cantar) la palabra y entre los sonidos cromáticos podía colarse alguna armonía prohibida, el diabolo in musica.
"Ser feliz no está demás/ el diablo es magnífico": es, también, una aparición de Apolo y Dionisios en versión industrial, es un resto del misterio y mito de la música. La noche y el mediodía.
Todavía las sirenas, el canto de Orfeo y los hilos que sujetaron a Ariadna, el cuerpo despedazado de los sátiros y sus poderes, todavía están intactos...