14.4.10



La sensación es más o menos la misma,
es una siesta con dolor de cabeza
y una planta de flores naranjas y hormigas carnívoras.
En el suelo nacen algunos hongos
donde se mezclan en-sueños.
Si veo a un hombre asesinar a una mujer
(en el video, veo los tatuajes)
en la cámara de seguridad
y esa noche yo sueño hormigas,
con las flores naranjas
o que peleo con mi novia.
O si el calor hace llagas en la parte de atrás
de la casa infantil
y me muerden la mano
las hormigas, ¿con qué voy a soñar?
¿Bebemos en los sueños?
¿podemos elegir los sueños?
No. Somos los animales del Sueño.
La sensación es más o menos la misma,
cabeza arriba
cabeza abajo, ninguna diferencia
y una chapita de cerveza en los dedos
con el nombre de un río contaminado,
oh ríos y sanguijuelas,
sin peces, ni contorno. Yo soñé
con una hiedra y un tendal de ahorcados
al sol, mientras la brisa los mecía
y casi mudos, porque estaban muertos,
miraban
las torres de extracción continental,
los estadios olímpicos de China
(la mirada abarca embriagada el mundo).
Soñé con lo que conversamos esa tarde.
Tomamos cerveza en la casa
abandonada y la luz de una fábrica
se ponía encima de nuestros ojos,
era el principio de una noche clara
de nubes naranjas
y los mosquitos picaban los píes.
Dormido en el colchón, no necesité soñar
con los golpes de calor, porque todo estaba ahí
en la oscuridad
y la sensación era más o menos la misma.
En mi adolescencia visitaba a una amiga
que vivía cerca de la fábrica de Bieckert:
la rodeaba una avenida llena de pozos
y las vías de un tren eléctrico.
Cuando la cerraron, empezaron
a vivir algunas familias
en el predio, y crecieron
unos pastizales que envolvieron
todos los alambrados. Un viejo
lamparón se encendía a la noche
e iluminaba la torre más alta.
Anoche soñé con eso.
Con esa luna de luz fría.
Y un camión con los modos de un cuento
maravilloso, como el del gigante
(de Disney o de Goya) en la montaña, muerto
por un ratón y sastre, humanizado.
Mi cuerpo era una capilla ardiente
entre animales dormidos.



(publicada en la Antología Birrera de Cristino Bogado; sabe Dios...)

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