30.1.10

Mi mundo es una iglesia nómade


Es fácil darse cuenta cuando en el hospital Durand hay internado un gitano: por unos días mi cuadra (vivo enfrente al hospital) se llena de gitanas y gitanos: fuman, comen pizza, charlan en las mesas de las pizzerías, siempre en grupo, las gitanas con esas polleras largas. Así, anda de acá para allá el pueblo que no hizo guerras, pero que las tiene.
Estuve escuchando un disco de Iva BIttová con canciones folklóricas arregladas por Léos Janacek. Bittová toca el violín y canta en un particular falsete. Cuando menos me gusta parece una mala actriz y es muy arty, Vuelvo a mi casa por la vereda del Durand, en la calle hay estacionada una camioneta Trafic: adentro es una habitación, con las cortinas bordó, dos camas, una mesita de madera, una lámpara... La vi porque está a la vista de todos. Y hay gitanos dando vuelta, como dijo Juanito el otro día: “ellos van al médico cuando están de última, como nosotros vamos a ellos cuando nos pasa lo mismo”. Enfrente de donde está estacionada la camioneta dormitorio gitana, está el parque Centenario, cerca de Díaz Vélez había unos colchones, hoy había dos perros dormidos en los colchones vacíos. Al final de la larga vereda donde está la camioneta, vi sentada a una chica (no era una gitana) a la que, si yo tuviera 17 años y la plenitud de mis facultades, le habría escrito un poema.

1 comentario:

werte dijo...

Una vez pasé caminando por la vereda de la clínica esa de Callao, donde estuvo internado Maradona, y estaba lleno de gitanos, muchos de ellos platudos (como dice el cacique charrúa), tremendos autos, mucho oro, peinados y relojes caros, había como doscientos y estaban medio sacados, las mujeres lloraban, los tipos hablaban por teléfono... todo un revuelo. Habría muerto alguien.