Hardcore 1: El demonio
Xuxa es hermosa.
Su cabello es hermoso
y su boca dice cosas hermosas.
Yo creo en su corazón.
Xuxa es hermosa.
Fernanda Laguna
Su cabello es hermoso
y su boca dice cosas hermosas.
Yo creo en su corazón.
Xuxa es hermosa.
Fernanda Laguna
Hace algunos unos años circuló -supongo que debe estar en el horizonte sobre el horizonte que es la web- una grabación que era el sonido de una cinta de grabación pasada al revés de una canción de Xuxa. Lo mismo había ocurrido ad nauseam con muchas bandas de rock: un mito o artilugio que se relacionaba con el miedo al afuera (o el terror al enemigo interno), que debe haber nacido en los oscuros pasillos de las agencias de inteligencia y, lo que es una variante: la publicidad, en este cao, la publicidad subliminal.
Se trata, básicamente, de un mensaje del que no somos concientes, que murmura oculto detrás del velo, que lleva algo que no podemos conceptualizar pero se instala en nuestra estructura conciente, para minarla o al menos sabotearla.
No es otra cosa que el misterio de la música secularizado, y transitado por los mitos y relatos del momento más paranóico del siglo pasado.
No es un capricho. Cuando escuchamos música, sentimos en las vibraciones del aire cierta confianza, un ritmo más infante que nos convoca: el niño asustado (la bellísima metáfora de Deleuze: en Ritornelo, de Mil mesetas) es la escansión del mundo, la retórica (el ritmo) que deviene de y desde el mundo. Las primeras adjetivaciones.
Fue posible creer, imaginar y temer mensajes satánicos que la música llevaría ocultos (aún en esta versión tonta, hay algo de verdad). Como cuando la Iglesia quiso prohibir la polifonía: tantas voces superpuestas no dejaban oir (ni cantar) la palabra y entre los sonidos cromáticos podía colarse alguna armonía prohibida, el diabolo in musica.
"Ser feliz no está demás/ el diablo es magnífico": es, también, una aparición de Apolo y Dionisios en versión industrial, es un resto del misterio y mito de la música. La noche y el mediodía.
Todavía las sirenas, el canto de Orfeo y los hilos que sujetaron a Ariadna, el cuerpo despedazado de los sátiros y sus poderes, todavía están intactos...
Se trata, básicamente, de un mensaje del que no somos concientes, que murmura oculto detrás del velo, que lleva algo que no podemos conceptualizar pero se instala en nuestra estructura conciente, para minarla o al menos sabotearla.
No es otra cosa que el misterio de la música secularizado, y transitado por los mitos y relatos del momento más paranóico del siglo pasado.
No es un capricho. Cuando escuchamos música, sentimos en las vibraciones del aire cierta confianza, un ritmo más infante que nos convoca: el niño asustado (la bellísima metáfora de Deleuze: en Ritornelo, de Mil mesetas) es la escansión del mundo, la retórica (el ritmo) que deviene de y desde el mundo. Las primeras adjetivaciones.
Fue posible creer, imaginar y temer mensajes satánicos que la música llevaría ocultos (aún en esta versión tonta, hay algo de verdad). Como cuando la Iglesia quiso prohibir la polifonía: tantas voces superpuestas no dejaban oir (ni cantar) la palabra y entre los sonidos cromáticos podía colarse alguna armonía prohibida, el diabolo in musica.
"Ser feliz no está demás/ el diablo es magnífico": es, también, una aparición de Apolo y Dionisios en versión industrial, es un resto del misterio y mito de la música. La noche y el mediodía.
Todavía las sirenas, el canto de Orfeo y los hilos que sujetaron a Ariadna, el cuerpo despedazado de los sátiros y sus poderes, todavía están intactos...
1 comentario:
Que todo esté intacto, es glorioso.
Un beso enorme
(Andás figurando al costado de mi blog, entre los preferidos)
Otro beso!
Publicar un comentario