¿Por qué nosotros, no-músicos?
La escena es más o menos así:
Syd Vicius, en su cielo estrellado de fines de los setenta (muy droga): arruinado e icónico, ya. Hace del cuerpito la última herida, en la serie de imágenes es angelical y decididamente espiritualizado.
Steve Jones canta como un oso desafinado y cervecero "reason, reason!" (nadie cantó tan brutal la razón, ¿o sí?) y poniendo el pechito como si tocara en una rock n' roll band. Al baterista, no lo veo.
Johnny Rotten (John Lydon) mira con la inteligencia de su máscara (los ojos vivísimos, en llamas) de joven iconoclasta (vestido en la tienda de McLaren, a la moda que puede ser un tigre), al lado del ícono, al público de Dallas, Estados Unidos: tierra de llamados peregrinos.
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Siguen en actividad, aunque (epigonales) no hagan ahora música religiosa sino que tocan el contorno de lo que alguna vez fue "una escritura transparente", en donde "la historia penetró en las constelaciones de la verdad" (Adorno).
I pray/ Do you pray your God?
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