8.10.10

Mataderos


En la araña de caminos viales,
cachorros se morían por dar un beso
de buenas noches a la Noche,
el corazón del Fuerte tiene forma
de jardín Frutillita.
A la madre la llamaba la Luna: los hermanos,
pobres, están perdidos.
En el bosque –en el baldío- visten telas
tan cortas que los yuyos
les marcan las rodillas, van solos ¡qué flaquitos
de fierro y melodramas!
-Pero qué lindas las flores de caramelo en donde
se mueren. Tienen que gritar para que los vean
unas brujas podridas,
montadas en lobos locos que van
mordiendo y hacen reflejos
en el cuchillo
que los hiere. Les caen
pedacitos del amor entre flores
-son flores campanillas. Un reflejo.
Son muchas las heridas.
Enamoradas,
probaron los lobos y los novios, que hacen
rabietas porque les escribe cosas
en el lomo con el nombre de otro. El bosque
de Lugano es áspero
y lejano. Los cuentos
de hadas queman a las chicas enamoradas.
Los besos se les pegan en los labios,
cerecitas, el flequillo coraza
de color negro.
Ella es linda, con pintitas, y tiene
tachas en el cinturón, una remera negra
muy gastada que dice:
FEAR OF THE DARK.
Se hunde en un largo desmayo que aprovecha para
besarse con los chicos no muy lindos
o
lindos hermosos, "dormida o recién
despierta no importa". Yo quiero ser
su espejo, quiero ser tu espejo. Pálida
en un terremoto de los varones,
no tiene miedo:
la brutta muerte no se les parece,
y estoy negro de amor.
“Mil veces desmayada me cortaron
los ojos las lilas”.
Es de noche en el puente, es de noche
en todos los mercados. Y en la iglesia.
Clik, clik hacen los huesos de los muertos
cuando pasan caracoles, los más jóvenes
parecían guazunchos
entre espinos del Chaco.
Una animalada de pendejitos
y desvestidos en pandilla, esconden
fierros mágicos entre los altares
y en las copas de los álamos.

Las factorías de la carne tienen
olor espeso, envuelven el sueño de los hombres,
con cuchillos en mano,
en Mataderos. Están peor que un pajarito
mojado. Esperan que el día termine en el tajo
ebrio de la noche. Sueñan, están
soñando, y velan
las manchas del piso, rojas. Enciende
la carne su marcha, y deja el gancho
al fantasma del camión frigorífico,
estacionado en la plaza.
(La caperuza
del unitario
descuartizado.)
“Machito...", ahora la piba es el bosque,
y tiene la crencha rojo sangre (bloody sister,
Dorsnröchen). La piel y los huesos cruzan
la noche, el bloque mira la luna de los puentes
de Liniers. Sacudida
por la cultura, mancha el vestido.
Entre los árboles se mueven perros,
perros curtidos a las sobras. ¿Era
un bosque o las sombras de las curtiembres?

1 comentario:

Anónimo dijo...

buenisimo. el bosque suburbano... brrrr... pero belleza vive ahi
un beso diego ¿cuando vendras?
roberta