Cleopatra, supongo que comentás el post del botón y Chopin. Es un buen comentario. Yo estaba pensando en el aspecto misterioso de la música, en esa potencia imaginaria que canta nuestra canción, la canción de nuestra vida. Vladimir Jankelevich -lo sé gracias a Daniel Link- dice que las sirenas -esos seres que desviaban a los marinos del rumbo correcto, para darles la muerte- cantaban la canción que encantaba a quien escuchaba. La música es amor, danza, pájaros; pero también tiene un componente fascista (lo dice Deleuze), un núcleo duro que puede irradiar tanto para el reconocimiento, la memoria, como para la desesperación; o la guerra. Hay música que nos devuelve una imagen, que reconocemos, que la recibimos como conocida; pero, tal vez, resultaba desconocida para nosotros y es una revelación. Es un tiempo que llega. No sé por qué, recuerdo una frase de una canción vieja de Babasónicos: "no quedan caminos por recorrer", que a mí me sonaba esperanzadora, desafiante, llena de rumbos. Yo estoy escuchando una ópera hermosa (Pelleás et Mélisande, de Debussy) en la que reconozco cosas y otras, no. No sé a dónde van las melodías, como no sé adónde conducen los caminos de un bosque, o las calles por la que camino. Y eso revela un mundo. Un beso.
La luna, muy feroz y transparente llamaba a los perdidos, como siempre a la fiesta de los cañaverales. Mancha de sangre en el cuento del nazareno. ¿Es la sangre, la primera? Torcemos con amor el vuelo de los pájaros. Ella es bien bonita, sabe herir a los pendejos. Tenemos que dormir en una calle abandonada. Es fácil engañarnos, algo como nuestro celo se da en cualquier lugar: Vi a los guazunchos cerca del Bermejo temblar, entre los pastos y la ruta, alto y furioso Chaco de la sangre.
4 comentarios:
*con aportes de Pintabona, Link y Durán Durán y los comentarios de Pablo en el post anterior.
ay ay ay al ombre le tocan el cuerpo!
Muy bueno Diego.
Lo triste es que con los primeros compases musicales, ya todo nos es conocido...
Te beso
Cleopatra, supongo que comentás el post del botón y Chopin. Es un buen comentario. Yo estaba pensando en el aspecto misterioso de la música, en esa potencia imaginaria que canta nuestra canción, la canción de nuestra vida. Vladimir Jankelevich -lo sé gracias a Daniel Link- dice que las sirenas -esos seres que desviaban a los marinos del rumbo correcto, para darles la muerte- cantaban la canción que encantaba a quien escuchaba. La música es amor, danza, pájaros; pero también tiene un componente fascista (lo dice Deleuze), un núcleo duro que puede irradiar tanto para el reconocimiento, la memoria, como para la desesperación; o la guerra. Hay música que nos devuelve una imagen, que reconocemos, que la recibimos como conocida; pero, tal vez, resultaba desconocida para nosotros y es una revelación. Es un tiempo que llega.
No sé por qué, recuerdo una frase de una canción vieja de Babasónicos: "no quedan caminos por recorrer", que a mí me sonaba esperanzadora, desafiante, llena de rumbos.
Yo estoy escuchando una ópera hermosa (Pelleás et Mélisande, de Debussy) en la que reconozco cosas y otras, no. No sé a dónde van las melodías, como no sé adónde conducen los caminos de un bosque, o las calles por la que camino.
Y eso revela un mundo.
Un beso.
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