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Por otro lado, nada me impresiona más en el mundo de hoy que las explosiones casi diarias de hombres-bomba, muchachas-bomba, coches-bomba, volando por los aires sinagogas o mezquitas, discotecas o trenes por todas partes; o las imágenes de inmigrantes muriendo, de hambre o frío, también en un casi insano intento de alcanzar “sus” paraísos, que se les presentan bajo la forma más concreta de un país rico, lo que me recuerda la frase “todo paraíso termina en una cerca de alambre de púas”; o incluso al cinismo de ciertas expresiones con las que los economistas y líderes políticos simplifican o mienten el mundo, como la terrible expresión “debajo de la línea de pobreza”, que sugiere en su falsa neutralidad, que lo que separa a millones de miserables de un estado un poco más digno de existencia es apenas una “línea”, algo tan frágil, y que en verdad oculta una población con la cual, por ejemplo aquí en Rio de Janeiro, la ciudad que más amo en este mundo, me deparo todo el tiempo.
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