Puede ser... (Peter Sellars sobre Messiaen)
Amo la ópera de Messiaen porque no tiene fines documentales, sino que
mira el significado de la vida de San Francisco. Qué significa la vida de San
Francisco, qué significa para
nosotros. Eso es más interesante que
saber cuántas noches transcurrió en las cárceles. No es tan importante saber
qué árboles vio o qué pájaros escuchó cantar. No es eso lo que importa. No
habrá escuchado nunca los pájaros de Nueva Caledonia y el petirrojo de San
Francisco no habrá cantado como la orquesta de Messiaen. Debemos mirar aquello
de lo que estamos hablando, realmente. Esto es lo interesante. Necesitamos
encontrar el significado de la vida a través de la metáfora, pasar a través de
la metáfora hacia, probablemente, una nueva metáfora. Estamos tratando de
tópicos religiosos y de los tópicos religiosos no se puede hablar en términos
humanos, porque no son humanos, son espirituales, son divinos. El único modo de
hablar de ellos es la metáfora, porque la metáfora no reduce. La metáfora te
permite una aproximación directa a través de ella, y a la vez está dotada de un
potencial nuevo que comporta una gran responsabilidad de parte de quien la usa.
No se la puede utilizar de un modo irresponsable. Debe ser usada con un cierto
conocimiento de su peso, de su gravedad, de sus cualidades inexorables, que escapan al control. Al mismo
tiempo, la metáfora demanda la necesidad de ser útil para la vida de las
personas. Si la vida espiritual permanece como pura metáfora, habremos
trastornado la vida de San Francisco, porque la extraordinaria innovación que
él propuso no fue aplicar la vida de Cristo de manera metafórica, sino que la
experiencia de Cristo fuera creída en tu propio cuerpo: no algo que sepas, sino
algo que sientas, que vivas; por eso San Francisco andaba descalzo.
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