¡Mire Usted, mi estimado Señor: una pausa! (Fragmento sobre 95 tesis para la filología, de W. Hamacher)
Leemos
en la Tesis 80 de las 95 tesis
para la filología: "Filología es el nombre de un futuro distinto del
futuro del lenguaje nombrado”. Y pensemos en César Vallejo, por ejemplo. El
poema “Retablo”, incluido en Los
heraldos negros, tuvo en 1917 una primera versión llamada
“Simbolista”. En esta primera versión, la primera estrofa del poema decía:
Yo digo para mí: ¡por fin escapo al ruido!;/ ¡nadie me ve
que voy a la nave sagrada!/ Altas sombras acuden: ¡James, Samain y
Maeterlinck,/ y Darío que llora con su lira enlutada!; mientras que en la publicada en LHN se lee: Yo
digo para mí: por fin escapo al ruido;/ nadie me ve que voy a la nave sagrada./
Altas sombras acuden,/ y Darío que pasa con su lira enlutada.
El segundo hemistiquio del tercer verso no está en la
versión del libro: eso es lo que Hamacher llamaría una pausa filológica.
Vallejo conserva el primer hemistiquio del alejandrino y luego hace un silencio
significativo, que va del simbolismo al retablo, que carga a las siete sílabas
con el vacío. De allí en más, la lectura (que es la poesía) vallejeana de la
tradición (indígena, hispana, francesa, vanguardista) y de las lenguas someterá
a esa pausa a diversos niveles de intensidad y articulaciones en la lengua
poética (hasta llegar a los quiebres polifónicos de Trilce, por ejemplo). Si de
ninguna manera podemos dejar de considerar a Vallejo como uno de los más
importantes poetas de América Latina, los textos de Hamacher brindan una manera
de auscultar esas pausas de la lengua y hacerlas sonar. Gran parte de la
literatura latinoamericana parece escrita en una temporalidad, digamos,
“escatológica” -pensemos en los diarios de Colón, las crónicas de Indias, las
apropiaciones barrocas de Sor Juana-: la recorre una intensidad que está
entre “la salvación ya llegada” y “la salvación prometida”, una tensión entre
lo que ya pasó y lo que es prometido.
Estas son lecturas posibles que se
desprenden del trabajo de Hamacher de poemas como los de Vallejo, ante los
cuales podemos exclamar, tal Hölderlin: "¡Mire Usted, mi estimado Señor,
una pausa!".
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