Y bailar no es como decir.
Una de las "tretas" del Lacan tiene que ver con la puntuación. El texto de nuestras vidas dice lo que el silencio -y en consecuencia-, su ritmo señalan.
Recuerdo una clase en donde leíamos el Libro de Buen Amor, y una justificada lectura lacaniana del pasaje de la disputa entre griegos y romanos (o la teología y el pelear callejero), que acaba:
De todos los instrumentos, yo, libro soy pariente;
bien o mal, como lo toquéis, yo diré ciertamente;
en lo que te interese, con sosiego detente;
si me sabes pulsar, siempre me tendrás en la mente.
Ahora, así pulso (puntúo) el verso "bailar no es como decir con esta risa", así:
bailar no es como decir, con esta risa.
Y -pensando en la lírica y su relación con la voluntad y la música-, copio:
... un rasgo sentimental de la naturaleza, como si ésta hubiera de solllozar por su despedazamiento en individuos.
(Nietzsche)
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