2.2.10

Arrasaremos el mundo, y se lo dejaremos a los príncipes


Ayer vi el documental de Herzog: Gesualdo. Muerte para 5 voces* (Gesualdo – Tod für fünf Stimmen) y me pareció extraordinario.

Encarar un documental acerca de la vida de un compositor renacentista supone, por lo menos, dos trampas: caer en el peor "arti" sofisticado, o en la pavada hollywwodense de caños dorados y paños borravino... etc. O, también, en esa gestualidad asociada a la música académica (que se puede resumir en las fotos de los compositores sosteniéndose la cara con una mano, y el dedito índice extendido sobre el cachete). Nada de esto hay en esta maravillosa teve-film. El documetal hace una música posible (y sí, será esencialmente polifónica -habrá algunas relaciones armónica, pero cada una hará lo suyo) entre lo culto, lo simple, lo popular, lo tétrico, la muerte, la lengua y la risa. No hay lugares comunes, y si los hubiera: están tratados con cierta distancia irónica, que los refresca. Lo mejor es la falta de solemnidad, aun para encarar una música tan difícil, melancólica y realmente oscura.

El documental (1995) estructura la narración a partir de 5 voces (como los madrigales que se cantan). La forma del film es solidaria con la forma/estructura de un madrigal. Stimmen tiene que ver con la voz musical, en el sentido, creo, de afinada, concertada, en relación. Aquí hay un juego de afinaciones entre voces.

Las 5 voces serían:
1- los dos conjuntos de música de cámara que interpretan los madrigales del genio musical, psicópata asesino, perverso Gesualdo di Venosa. La música (y sus intérpretes).
2- las voces populares (el cuidador del castillo, la cocinera que repite ¡un diavolo, q’ era questo raggazzi!, ¡diavolo! y el cocinero, el portero de un estacionamiento en Nápoles, el siervo del príncipe d’Avalos)
3 – las voces "locas" (el gaitero que toca frente a las grietas del palacio, para que no escape el espíritu maldito de Gesualdo, el chico en el caballo, la mujer que se cree la esposa de Gesualdo).
4 – las voces cultas (los dos directores de los conjuntos de cámara, el príncipe D’Avalos).
5 - las voces de los muertos (la mujer que se cree la esposa asesinada de Gesualdo, en otro registro, las poesías de los madrigales, los ritos populares).

La tonalidad de este tele-film maestro queda dada por el guía turístico (o historiador) que relata las extravagancias del príncipe (un grupo de unos 20 sirvientes que lo tenían que azotar constantemente, que eran los mismos que se metían en la cama para calentársela en invierno, entre otras perversiones).
Entrelazadas, las voces narran-cantan las historias alrededor del músico asesino. La tala de todo el bosque del valle que rodea al castillo por un príncipe arrebatado de follia (locura), como un Orlando Furioso, es contada dos veces: primer, la relata el cuidador del castillo -un hombre flaco, trabajador- y suena hilarante, hasta que el afirma que fue así. En la escena siguiente, relata lo mismo (con un tono más pedagógico, nervioso ante la cámara y leyendo de una libretita chiquita), el director de uno de los dos conjuntos de cámara (el Gesualdo Consort of London), Gerald Place. Suena más serio (hace la referencia a Macbeth). Hay una distancia entre ambas voces muy leve, pero significativa. Un ritmo en la narración diferente (uno es más teatral, más polirrítmico, se desplaza por los jardines del palacio, abre los brazos hacia el valle; el otro, apenas gesticula en la silla, hace silencios delicados).
La riqueza idiomática, la musical, armónica de Gesualdo, pero también la lingüística del hablar italiano está presente en cada uno de los que cuentan las historias. Un oído atento a las variaciones, el ritmo, las inflexiones.
Los relatos de los crímenes (a su mujer, el amante y su propio hijo -que suponía fruto de una relación de aquella) son truculentos. El asesinato del pequeño es contado por el cuidador del castillo en el patio desvencijado, seco. El niño fue obligao a hamacarse durante 3 dás y tres noches, mientras un coro cantaba madrigales debajo del balcón donde el niño moría.
Yo sé que a los músicos, a veces, la escritura de alguien como Pascal Quignard los violenta. Pero hay en esa retórica especulativa, algo muy propio de lo musical. Un balanceo entre el concepto, lo retórico, lo formal (en orden, sería lo primero) y lo verbal que es la marca distinguida del arte, y no sólo del musical. Entonces, Quignard dice que en un cuarteto de cuerdas de Beethoven hay una resonancia que llega hasta los arcos de los cazadores o los guerreros, y que esa resonancia remite a una víctima. En los madrigales de Gesualdo, hay huellas de sus crímenes tormentosos y de una belleza armónica y melódica extraordinaria que (según cuenta el príncipe de d'Avalos, que se pasea por habitaciones llenas de molduras de otros palacios y otros territorios) se relaciona con los compositores tardíos del romanticismo (Bruckner, Wagner): una distancia tonal que no llega a la disonancia, en los acordes y un uso del cromatismo muy rico en la melodía.
Ese sonido mortuorio: ¿dónde se interpretaba esta música? Gesualdo era "libre" de componer como le placiera, porque tenía la riqueza necesaria para hacerlo. Así que componía en las vísperas de un asesinato, o de su interminable culpa.
Cuando se ve cantar a los grupos de cámara, vestidos con ropa sport, de todos los días, son cada vez diferente; según la voz que rige en ese momento.
El aspecto enigmático de la música y el arte queda señalado con una pieza de museo que obsesionó a Gesualdo, que dedicó interminables noches de insomnio para decifrarla, y nunca pudo (imitatio).

Una cocinera y un cocinero que repasan la comida de la boda, que tiene su contrapunto con la escena en la clínica (en realidad, en un establo) donde son pacientes la mujer que se cree la esposa de Gesualdo -hay otro momento, muy operístico con Milva, que representa a esa mujer-, y donde también hay dos que se creen Gesualdo, es una escena divertida y triste.
Hacia el final, vemos a un chico que es atado con cadenas y arneses para representar un querubino, que baja desde el cielo (cruzando toda una calle) en una fiesta popular con diavolo y todo. Hay escenas de la fiesta -con las representaciones de justas caballerescas- y Alan Curtis (director de Il Complesso Barocco) termina de contar su experiencia con la música de Gesualdo y la influencia que tuvo en el siglo XX, especialmente en Stravinsky (que "peregrinó" a Venosa para conocer los lugares donde vivió el príncipe músico).

Se escucha el sonido de un celular, atiende un actor, un muchacho vestido de paje o caballero, no sé. Dice "no puedo hablar ahora, no, no; está terminando el film sobre Gesualdo, después te llamo". Corta el teléfono, mira a la cámara y sonríe.
FINALE

*La versión que hay en youtube tiene una sobretraducción en inglés que desluce bastante el juego con las lenguas del original, pero bueno.

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