Me obsesiona la siesta de aquellas jóvenes profundas...
Me
obsesiona la siesta de
aquellas jóvenes profundas
y
frágiles que hoy practicaron
el
pellejo de la delincuencia,
ahora
en malla, duermen y velan.
No
pueden hacer casa
en
el amar o la nevisca.
¿Y
la nieve?: a 34º
de
calor, ¿qué nieve digo?
¡Sólo
hay un perro frío,
al
lado de la basura,
tibio
por la temperatura
en
pelo de los rayos solares!
Estamos
en el campo
blanco
de los balnearios, no la nieve.
Hay
una misa
a
la luz de los pajaritos,
¡no,
otra vez!, sino el bello
aparato
que empuja
al
insecto (la mariposa)
al
vello (la rayita), a la piel.
Es
la música del chapoteo,
en
la superficie del agua,
la
sincronía de los pies: las tres
rusitas
de madrigales
(una
roja, una amarilla y otra de cualquier
tonalidad)
se comen, se tragan y mastican,
abren
el tapizado del sillón,
interpretan
la violencia en una no-violencia,
ellas
tres, pieles
blanquísimas,
níveas.
Las
3 tienen que desmayar
-se
del calor que hace.
Desmayadas
con los ojos abiertos.
Rosa,
rosa,
rosa.
Un
sistema hídrico rosa,
de
venas rosas y florestas
rosadas
como ríos amazonas
deja
todo de color rosa:
los insectarios,
la
lluvia, los delfines
y
el arco-iris,
en
la selva tropical
rosa
coronan la Nueva
Brasilia Rosa.
Costillas
de flaquitas, la flotante
y
sus dos hermanitas
la
sostienen a besos
-
las algas de la lengua.
Resbalan
y se luce
la
superficie titilante,
rutilante
en la guerra de guerrillas de amor:
se
desviste de la piel rosa, un traje de baño
más
rosado todavía. A
la noche
colapsarán
las sombras de la mente
y
las bañistas,
transformadas
en bichitos de luz,
dejarán
una Imagen
de
agua en el silencio
de
las enormes piletas vacías.
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